Dejame que te cuente el mundo que mis ojos ven!!!!
Cuando a empecé a poner mi disfraz de Morticia Adams empecé
a sentirme un poco fuera de lugar. Era un atuendo demasiado sofisticado para un
cuarto tan inocente.
El hombre se acercó aún más y se abrió la bata de baño. Me
sobresalté. Sus manos se posaron en mis caderas y el calor de sus manos hizo
que notara como mis mejillas habían
empezado a arderme de golpe.
Mientras sus manos movían rítmicamente mis caderas, su verga
entraba y salía de mí tocando cada punto sensible de mi ser. Oleadas de placer
me recorrían. Me oía a mí misma gritar y al hombre repetir que me amaba. No se
cuánto duró, ni en qué momento me dejé llevar por una explosión continuada en
mi vientre, una especie de serie de fuegos artificiales que finalizaron con una
traca final que llamaré Niágara. Era la primera vez que eyaculaba. Fue un
orgasmo distinto. Como un volcán de lava líquida que empapó mis piernas y el
vientre del hombre que me había tomado.
Noche de Halloween
Unos amigos me habían invitado a la fiesta de Halloween.
Vivían en las afueras de la ciudad, en una vieja casona de dos pisos rodeada de
castaños. Tras los saludos, los anfitriones nos asignaron habitaciones donde
podríamos ponernos los disfraces y prepararnos para la cena y la reunión que
tendría lugar por la noche.
El cuarto que me tocó en suerte era un bonito dormitorio
donde era seguro había dormido una niña. Sobre la cama, con el cabecero de
hierro forjado pintado de blanco, una primorosa colcha de encaje. En la
almohada reposaban muñecas de todos los materiales y tamaños. En las
estanterías, peluches de animales y cuentos. Cajas de madera blanca,
perfectamente alineadas, en las que, seguro, había juguetes guardados.

Tenía puestas ya las finas medias negras sujetas con ligas,
unas braguitas negras y un sujetados del mismo color. Me senté para ponerme el
pálido maquillaje. Según me iba pintando, pensaba que iba obteniendo un
resultado muy parecido al de mi personaje.. Con maquillaje para pelo me dí unas
mechas negras y blancas. Los ojos
pintados muy oscuros y los labios muy rojos, me devolvían del espejo infantil
una imagen que cada vez me divertía más, por el parecido.
Me disponía a ponerme el vestido largo y negro cuando
llamaron a la puerta. Me subí en los zapatos de tacón imposible y me puse por
encima una bata de baño que mis amigos habían dejado sobre la cómoda blanca donde reposaban también
mis maquillajes.
Creía que era mis amigas y abrí sin preocuparme mucho de
cerrarme la bata. Del otro lado del umbral había un fantasma.
- ¿Quién eres? - pregunté divertida
- Déjame pasar - me contestó una voz de hombre
Pensé que no había problema alguno porque todos los que
habían sido invitados a la fiesta nos conocíamos todos, de modo que le dejé
paso y me volví esperando qué sorpresa
me traería.
El fantasma cerró la
puerta tras sí y con un lento movimiento de brazos empezó a quitarse el traje
blanco. Ante esto si que es divertido i apareció un hombre joven al que no conocía.
Tenía los ojos y el pelo peinado hacia atrás muy negro.
- Te quiero - me dijo
- Esta sí que es buena - exclamé - No te conozco - dije
- ¿Eres amigo de Ana y Luis?
Por toda respuesta el hombre se acercó a mí que me había
medio sentado en la cómoda Llevaba una camiseta blanca de manga larga y unos
pantalones negros, una especie de alpargatas.
- ¿Quieres salir? - Pregunté por ocultar mi nerviosismo
- Te quiero tanto. Dime que tú me quieres también
- Este es el Halloween más divertido de mi vida. Un
desconocido me ama. Yo a medio vestir y mis amigos esperándome para la cena.
Que absurdo.

Antes de que yo pudiera reaccionar empezó a besarme en el
cuello. Sus besos me producían una agradable sensación y me extrañó su olor.
Más bien si no olor, porque no olía a nada. Ni a jabón, ni a colonia, ni a
sudor siquiera. Si acaso olía a madera vieja.
- Te amo - murmuró - y empezó a enrollar mi tanga en torno a mis caderas. Sin oponer
resistencia, dejé que la bajara hasta los zapatos y me las quitara. Las subió hasta
su cara y hundió en ellas la nariz. Puso cara de éxtasis. La desnudez de mi
sexo me excitaba. Dejó caer la bata de baño por mis hombros y con un movimiento
certero liberó mis pechos del sujetador.
No hubo más preliminares. Con suavidad, pero con firmeza, me
separó las piernas. Mirando fijamente mi sexo abierto se quitó la ropa. En su
cuerpo delgado y liso no había ni un sólo pelo. Tenía depilada hasta la zona de
sus genitales. Su verga era larga y lisa. Y estaba preparada. Apoyé mis manos
en la cómoda y eché la cabeza hacia atrás esperando la acometida. Cuando ésta
se produjo, un escalofrío recorrió mi cuerpo.

Sin decir nada se vistió. Se puso su disfraz de fantasma y
se marchó diciendo un "hasta luego".
Recobrada la calma, recompuse mi maquillaje y me puse el
vestido. Cuando bajé todos estaban esperándome para comenzar la cena. Busqué
con la vista y ningún invitado iba vestido de fantasma.
Pregunté a la anfitriona si faltaba alguien o sí había
alguien más en la casa. Ana me dijo que no. Que no tenía servicio y que todos
los convocados estaban con nosotras en el salón.
Pasé la noche intrigada. Cuando de madrugada acababa la
fiesta y el anfitrión, Luis, propuso que se quitaran el disfraz aquellos que no
habían sido reconocidos, ninguno de hombres que se despojó de su disfraz era el
que había venido a mi cuarto unas horas antes.